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Juegos de toda la vida: de la comba al frío o caliente

Juegos de antes

Juegos de toda la vida: de la comba al frío o caliente

Bastaba una tiza, una cuerda o un pañuelo para tener la tarde entera resuelta. Repasamos los juegos de toda la vida, cómo se jugaban y cómo enseñárselos hoy a los nietos. Y por qué los que solo necesitan palabras son los que mejor han llegado hasta nuestros días.

5 min de lectura

Jugar la palabra del día

La calle como patio

Durante muchos años, la calle, la plaza o el patio del colegio eran el sitio donde se jugaba. No había horario ni monitor: se jugaba hasta que alguien asomaba por la ventana y gritaba que la cena estaba en la mesa. Los juegos pasaban de los mayores a los pequeños sin que nadie los escribiera, y cada barrio tenía sus reglas y sus canciones.

Estos son algunos de los juegos de antes que casi todo el mundo reconoce, con lo justo para volver a jugarlos.

La comba

Una cuerda larga, dos personas que la dan y el resto que salta, entrando y saliendo al ritmo de la canción. “Al pasar la barca, me dijo el barquero…” o “El cocherito, leré” marcaban el compás, y quien tropezaba pasaba a dar la cuerda. Para los nietos de hoy sigue siendo un descubrimiento: sirve cualquier cuerda de tender y un trozo de acera.

La rayuela

Una tiza, unas casillas numeradas pintadas en el suelo y una piedra plana. Se lanza la piedra a la casilla que toca y se recorre el dibujo a la pata coja, sin pisar las rayas. En cada sitio tiene su nombre y su dibujo, y casi todo el mundo recuerda el suyo como el auténtico.

La peonza

La peonza, o el trompo en buena parte de América, era un arte. Había que enrollar bien la cuerda, lanzarla con un golpe de muñeca y hacerla bailar el mayor tiempo posible. Los más hábiles la recogían en la palma de la mano sin que dejara de girar. Hoy se siguen vendiendo, y enseñar a lanzarla es uno de esos ratos en los que el abuelo vuelve a ser el que más sabe.

Las canicas y las chapas

Las canicas se jugaban en la tierra, con un agujero, el gua, al que había que llegar a base de golpes con el dedo. Las chapas eran tapones de botella, a menudo con la foto de un ciclista dentro, que corrían por un circuito pintado con tiza. Las dos piden poca cosa y mucha paciencia, y por eso enganchan tanto.

El pañuelo y el escondite

En el pañuelo, dos equipos se ponen en fila, cada jugador con un número, y alguien en el centro sostiene el pañuelo en alto. Dice un número, y los dos jugadores que lo tienen salen corriendo hacia el centro. Gana quien atrapa el pañuelo y vuelve a su campo sin que el otro le dé alcance.

El escondite apenas necesita explicación: uno cuenta de cara a la pared y los demás se esconden. El gran momento es llegar a la pared antes que quien busca y gritar “¡por mí y por todos mis compañeros!”.

Los juegos que solo necesitan palabras

Hay dos juegos de toda la vida que no piden ni tiza ni cuerda, y quizá por eso son los que mejor han viajado hasta hoy: el veo veo y el frío o caliente.

En el veo veo, alguien elige algo que tenga a la vista: “Veo, veo. ¿Qué ves? Una cosita. ¿Y qué cosita es? Empieza por la letra…”. Y los demás miran a su alrededor hasta dar con ella.

En el frío o caliente, alguien esconde un objeto y guía a los demás con la temperatura: frío si se alejan, caliente si se acercan, “¡te quemas!” cuando ya lo tienen. Se jugaba en cualquier casa, con lo que hubiera a mano. Si quieres repasarlo con los pequeños, aquí tienes el juego de esconder objetos.

Y ese mismo juego se puede jugar hoy con palabras. En lugar de esconder un objeto, se esconde una palabra, y cada intento recibe una temperatura según lo cerca que está de ella por su significado. Si la palabra secreta fuera peonza, una partida podría ir así (los grados son solo un ejemplo):

  1. lavadora3 °CGlacial: muy lejos del patio
  2. recreo36 °CTibio: ya estamos jugando
  3. juguete61 °CCálido: algo con lo que se juega
  4. cuerda71 °CCaliente: la que se enrolla antes de lanzar
  5. trompo96 °CTe quemas: casi lo mismo, al otro lado del mar
  6. peonza¡Encontrada!

¿Te animas a probar con la palabra de hoy? Escribe la primera que se te ocurra.

Pruébalo ahora: ¿cuál es tu primera palabra?

Tu palabra va directa a la partida de hoy.

Cómo enseñárselos hoy a los nietos

Los juegos de antes no necesitan convencer a nadie: basta con empezar a jugar. Algunas ideas para que prendan:

  • Cuenta cómo era. Dónde se jugaba, con quién, qué canción se cantaba. A los niños les encanta imaginar a sus abuelos con su edad.
  • Empieza por uno corto. El veo veo o el pañuelo se aprenden en un minuto. La rayuela, con su dibujo, ya es casi una tarde.
  • Deja que cambien las reglas. Los juegos de toda la vida siempre se han adaptado al barrio. Que ahora se adapten a la casa no es ningún sacrilegio.
  • Guarda los de palabras para el viaje. El veo veo y el frío o caliente se juegan igual en el coche, en la sala de espera o por videollamada.

Juegos de antes y de ahora

Los juegos de nuestra infancia no han desaparecido: han cambiado de sitio. Los de calle siguen vivos en los parques y en los patios, y los de palabras han encontrado nuevas formas de seguir jugándose, también en el teléfono.

Si quieres ver cómo funciona la versión con palabras del frío o caliente, la tienes explicada paso a paso en el juego de frío o caliente con palabras. Y si buscas más ideas para pasar la tarde con los nietos, echa un vistazo a juegos para abuelos y nietos.

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